sábado, septiembre 16, 2006

Domingo 17 de Septiembre - Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 8, 27-35

EVANGELIO

 

Tú eres el Mesías…

El Hijo del hombre debe sufrir mucho

 

  

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

8, 27-35

 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»

Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»

Pedro respondió: «Tú eres el Mesías».

Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con sus cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará».

 

Palabra del Señor.

 

 

 

Reflexión

 

 

¿NOS SUENA “JESUS”?

1.- El domingo pasado, el Papa Benedicto XVI, en una misa al aire libre en Alemania afirmaba: “El mundo se ha vuelto sordo a Dios” Las sociedades occidentales están perdiendo sus almas ante la racionalidad científica y asustando a los creyentes del mundo en desarrollo que siguen siendo temerosos de Dios”.

Por ello mismo, cuando Jesús nos pregunta en el evangelio de este día: “¿Quién dice la gente que soy yo?” debiera de plantearnos muchos interrogantes y otras tantas interpelaciones:

-La más radical: ¿Dice Jesús algo a alguien? -La intermedia: ¿Qué nos dice y qué decimos de El, los que nos las damos de cristianos?-La blanda: Nos dice mucho, pero le conocemos poco.2.- El Señor, ante tanta cuña publicitaria y frecuencias que se meten por los cuatro costados de nuestra existencia, lo tiene muy difícil para ser audible, conocido e identificado. Nunca, la iglesia, ha contado con tantos medios para incentivar y popularizar el nombre de Jesús y, nunca, ha encontrado tantas dificultades para que las nuevas y viejas generaciones, se interesen y se zambullan de lleno en la personalidad, vida y encuentro con Jesucristo.

Jesús, camina con nosotros, y de nuevo –en este curso que estrenamos- nos pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? ¿Quién dice que soy yo? ¿Qué saben de mí los catequistas? ¿Cómo me presentan los sacerdotes? ¿Qué imagen tienen de mí las nuevas generaciones? ¿Qué hacéis por mi reino? ¿Qué vais a decir de mí? ¿Qué vas hacer por mí?

3.- Sí, amigos. Nos tenemos que implicar un poco más en la labor evangelizadora. Por cierto, el Papa Benedicto, el domingo pasado señaló una verdad más grande que un templo: “difundir a Jesucristo es más importante que toda la ayuda de emergencia y al desarrollo que iglesias ricas ofrecen a los países pobres”.

No podemos contentarnos con una labor meramente social o educativa. Nuestra misión, como creyentes, tiene las dos vertientes: el encuentro personal con Jesús y, a continuación, nuestro servicio a los demás. Son dos notas de un mismo acorde. Pero ¿es justo poner el acento en un simple compromiso obviando la difusión del Evangelio?

¡Qué interpelación tan seria e incisiva la de este domingo! ¡Quién dice la gente que soy yo! Porque, malo será que llenemos nuestra iglesia, nuestra parroquia, nuestras dinámicas de grupo, nuestras acciones sociales, nuestros calendario con puntera técnica, ciencia, métodos, medios, dinero y dejemos a un lado lo que es medular en nuestro campo evangelizador: ser difusores del amor de Dios, de la persona de Jesús, de su mensaje, de la gran familia que somos y vivimos en la iglesia.

* ¿Qué dicen de Jesús los que han sido bautizados y viven como si no lo estuvieran?

* ¿Qué expresan de Jesús los que piensan que con bautizarse, comulgarse, confirmarse y casarse por la iglesia ya han hecho un gran favor a Dios?

* ¿Qué afirman de Jesús los catequistas que creen que con impartir una catequesis es suficiente pero, a continuación, no viven la eucaristía dominical?

* ¿Qué atestiguan de Jesús tantos de nuestros hermanos que, perteneciendo a la iglesia, viven indiferentes a lo que ocurre dentro de ella?

4.- Que esta Eucaristía, en el Día del Señor, nos ayude a comprometernos –no solamente en la acción renovadora del mundo – sino en el conocimiento de Jesús de Nazaret.

Que no nos ocurra como aquel alpinista necio, que después de ascender y descender de una gran montaña le preguntaron: ¿Qué horizonte se ve desde allá arriba? ¿Qué has visto cuando subías? Y, el montañero, les contestó: “la verdad es que como iba tan pendiente de subir no me he percatado de lo que había a mi alrededor”. Tan pendiente de las cuerdas que…olvidó disfrutar de tantas sensaciones que le rodeaban.

O como aquel fan de un cantante, que tarareaba la melodías de sus canciones pero nunca supo ni lo que significaba sus letras ni el contenido de las mismas.

¿Qué decimos nosotros en el ascenso de nuestra vida sobre Jesús de Nazaret? ¿De qué cuerdas nos tenemos que soltar para afirmar y demostrar que –de verdad- somos sus seguidores?

 

Javier Leoz

www.betania.es

 

UNA PREGUNTA MUY ACTUAL

1.- La pregunta de Cristo: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, continúa hoy, a la distancia de veintiún siglos de ser pronunciada por primera vez, con la misma fuerza y la misma actualidad que en la hora primera. Está claro que sólo un necio podría atreverse a apartar la figura de Jesús y su mensaje de la galería de los hombres más ilustres de la historia de la humanidad.

Pero ¿bastara esta admiración y este reconocimiento para que uno pueda profesarse seguidor de Jesús? La respuesta ha de ser forzosamente negativa y falso cualquier irenismo que tratare de situar a un mismo nivel de confesión de fe a los que son creyentes en Jesús, enviado del Padre, libertador y salvador de los hombres, y a los que se limitaren a exaltar a Cristo como un dechado de máximas virtudes humanas y a su mensaje como una superior sabiduría. El creyente se define porque reconoce a Jesús al Mesías de Dios y en su “buena noticia” o “evangelio” el mensaje de salvación.

Una vez que los discípulos le manifestaron las distintas opiniones que corrían acerca de él, Jesús pasó a la pregunta decisiva: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Ahora los discípulos se callaron. Sólo Pedro respondió. E hizo una verdadera profesión de fe, afirmando sin vacilaciones la “identidad” de Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.

Esta confesión y este reconocimiento explícito de la verdadera “identidad” de Jesús fue, para Pedro, una auténtica vivencia, en el sentido riguroso de esta palabra. Y le llevó a conocer su propia “identidad” y su misión, revelada por el mismo Jesús. Conocer de verdad a Cristo fue, para Simón Pedro, conocerse también a sí mismo. La revelación de Jesús supuso, de hecho, su propia revelación.

2.- Las preguntas de Jesús siguen siendo actuales. Son preguntas dirigidas a cada uno de nosotros, que resultan insoslayables, estrictamente personales, y que nadie puede responder por otro, sino que cada uno tiene que contestar desde sí mismo y por sí mismo. Pero con una respuesta no aprendida de memoria, sino nacida de la propia experiencia, como en el caso de Pedro.

Tampoco nadie puede negarse a contestar, porque sería lo mismo que responder mal, como sucede en un examen. No definirse, en el ámbito de la fe, es la manera más cobarde de definirse en contra. La total indiferencia y la absoluta neutralidad son realmente “imposibles” con respecto a Jesucristo. Frente a Él, sólo caben la adhesión o el rechazo. No hay término medio.

Jesús se dirige hoy a cada hombre --a cada uno de nosotros-- con la misma pregunta, personal e insoslayable: “Y tú, ¿quién dices que soy yo?”. ¿Quién soy yo para ti? ¿Qué soy y qué significo yo en tu vida? Y cada uno tiene –tenemos-- que saber dar a esta pregunta una respuesta convencida y convincente, aprendida del Padre que está en los cielos, que es el único que conoce la verdadera identidad de Jesús.

Si no podemos responder, como Pedro, desde una vigorosa experiencia personal, respondamos desde la fe de la Iglesia, que cada uno de nosotros gratuitamente hemos recibido; y convirtamos en petición y en súplica –– en oración confiada-- esa misma respuesta.

3.- Hablando del “pan de Vida”, en la sinagoga de Cafarnaún, Jesús advirtió que muchos de sus discípulos se quejaban de que sus palabras eran duras. “Desde entonces, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”. En este contexto, se dirigió a los Doce con una pregunta directa y sobrecogedora: “¿También vosotros queréis marcharos?”.

En esta ocasión ––como antes, en Cesárea de Filipo-- el único que respondió a la pregunta fue Simón Pedro. Y lo hizo con la misma entereza y convicción que entonces, también desde la propia experiencia: “Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios”.

Cristo es el principio y el fin, la raíz viva y la clave de interpretación de toda forma de vida cristiana. Sólo él arrastra y convence, cautiva y apasiona, asombra y estremece. Sólo él inspira, a la vez, confianza sin límites e infinito respeto.

Ante Jesús, se experimenta, al mismo tiempo, indecible amor e inevitable temor bíblico. Ser cristiano es ser creyente: Creyente en Jesucristo. Y creer en Jesús no es sólo acoger su mensaje y adherirse fielmente a su doctrina; sino, ante todo y sobre todo, acogerle como persona: Como verdad total y como sentido definitivo de la vida, como salvador y como salvación, como razón última de la propia existencia; entregarse a él de forma incondicional e irrevocable y ponerse a su entera disposición. Más aún, creer en Jesús es la existencia misma del cristiano.

Porque el cristiano existe en la medida misma en que cree en Cristo. Para él, creer es existir. Y existir es creer. Los apóstoles creyeron en Jesús. Se adhirieron a él incondicionalmente.

4.- Creer en Jesús les bastó, desde entonces, para vivir. Por eso, apoyaron en él toda su existencia. Fascinados por su persona y por su personalidad, lo abandonaron todo para seguirle, imitándole en su estilo de vida y misión. El cristiano es alguien que, como los Apóstoles, cree en Jesús y sabe que él es el Santo de Dios; que ha conocido el Amor que Dios tiene a los hombres, y ha creído en él; que, desde una vigorosa experiencia de fe, confiesa, con la palabra y con toda la vida, que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo; que se ha dejado fascinar por su Persona y por su palabra.

Si ahora nos preguntara Cristo: “¿Quién decís que soy yo?” ¿Qué le responderíamos? Nuestra misión es dar testimonio, con nuestra vida y palabras, de que creemos en Cristo crucificado y resucitado. Si la fe es únicamente de ideas aprendidas de memoria y recitadas casi inconscientemente, no convenceremos a nadie. Si nuestra fe es únicamente un conjunto de ritos exteriores que ni comprometen ni expresan de verdad nuestra vida interior, no convenceremos a nadie.

La segunda lectura de la carta de apóstol Santiago, presenta este problema en forma perentoria: Muéstrame tu fe por tus obras. Son nuestras actitudes diarias, continuas, consecuentes, las que manifiestan que de verdad creemos. Como dice sabiamente nuestro pueblo: Obras son amores, no buenas razones.

Nosotros sabemos que al discípulo no le puede ir mejor que al maestro. Ser cristiano significa estar dispuesto a dar la vida como testimonio de amor. Jesús nos dice que si queremos tener derecho a una resurrección como la de él debemos pasar por donde él pasó, morir como murió él. Ser cristiano hoy, como para los cristianos de los primeros trescientos años, es apuntarse en una lista para morir violentamente.

Adherirse este "Mesías" es identificarse con un proyecto de vida y de misión, hacia el cual todos nosotros sentimos una repulsa natural. ¿Quién desea identificarse con el grano de trigo que muere?

El que vive como Cristo tiene siempre una muerte como la de Cristo. Y quien muere como él, tiene derecho a una resurrección como la de él. Ser cristiano sigue siendo lo que fue para Jesús: Una cuestión incomoda y peligrosa, una cuestión de vida o muerte, una cuestión que lleva, frecuentemente, a la muerte.

 

Antonio Díaz Tortajada

www.betania.es

 

"¿QUIÉN SOSTIENE TU VIDA?"

1.- La misma pregunta que hizo Jesús a sus discípulos nos la hace hoy a cada uno de nosotros: "¿Y tú quién dices que soy yo?". Bajando más a lo concreto, El te pregunta: ¿Para ti, quién soy yo? Piensa antes de responder, no lo hagas de memoria o con lo que aprendiste en el catecismo o en la clase de religión. La respuesta está en tu vida. Examina tu vida y contempla: ¿Qué lugar ocupa en tu mente, en tus proyectos, en tus actos, en tu actitud ante la vida Jesús de Nazaret?, ¿en tu trabajo, en tus estudios, en tu casa, en tus relaciones con los vecinos tienes presente lo que El espera de ti?

2.- Si somos sinceros, hemos de confesar que todavía no estamos convertidos a Jesucristo, quizá porque todavía no ha pasado por nuestra vida Jesús de Nazaret, quizá porque todavía no hemos tenido experiencia de El. Tenemos un barniz de cristianos, pero por dentro no se nota que Jesús hay transformado nuestra vida. Alguien dijo que los cristianos nos parecemos a una piedra arrojada al fondo de un lago. Por fuera parece que está mojada, pero el agua no ha penetrado por sus poros y no ha conseguido empaparla. Así ocurre con nosotros cuando no dejamos que la Palabra de Dios penetre en nuestro interior. Por eso nuestra fe es tan poco radical y nos conformamos con cumplir. Lo peor es que así nos luce el pelo, pues somos piedra de escándalo para muchos, porque es una fe sin obras que está muerta. Sin embargo hay muchas personas que sin ser cristianos viven como si lo fuera, pues llevan a la práctica el mandamiento del amor al prójimo necesitado. Y todo esto sin saberse "de memoria" el nombre de los mandamientos. Son los llamados por el gran teólogo K. Rahner "los cristianos anónimos".

3.- Es más fácil cumplir preceptos que no alteran nuestra vida que "mojarse" de verdad y dejar que el Evangelio cuestione nuestra vida y nuestras seguridades. No se trata de adaptar el Evangelio a nuestra vida, sino nuestra vida al Evangelio. Es más fácil responder de memoria, como un loro, que Jesucristo es el Hijo de Dios, que asumir el escándalo de la cruz. La cruz no hay que buscarla fuera. Está junto a ti, cuando reconoces tus debilidades, cuando las cosas no te salen bien, cuando llega el dolor o la enfermedad. No se trata de mera resignación, sino de ver en la cruz un sentido de liberación. Y, por supuesto, estar dispuesto a ayudar a los demás a llevar su cruz. Hay que ser capaces de dar la propia vida por Jesús y por el Evangelio para poder recuperarla. ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? Si tienes este propósito, no te equivocarás, pues aunque aparentemente pierdas tu vida, encontrarás la vida de verdad, la que El te ofrece. Entonces podrás experimentar la grata seguridad de que "El Señor te ayuda", como Isaías y que "El sostiene tu vida", como nos dice el autor del Salmo 53.

 

José María Martín OSA

www.betania.es

 

miércoles, septiembre 13, 2006

Guión de misa 17 de Septiembre Domingo XXIV durante el año

Celebrando la Vida

en el

Nuevo Milenio

Guiones para la celebración de la Cena del Señor

Ciclo "B"

Miguel Ángel Osimani

EDICIONES BETANIA

 

 

 

DOMINGO 24º

DURANTE EL AÑO

 

 

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

 

En este día, el Día del Señor, celebramos el domingo vigésimo cuarto durante el año, y lo hacemos reuniéndonos alrededor de su mesa con la ilusión de los que se saben verdaderos constructores del Reino de Dios en la tierra, porque se esfuerzan en ser fieles seguidores de Cristo.

 

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

 

El Señor hoy, por boca de Isaías, nos anuncia su plan de salvación sobre el Mesías: en el servicio, en la humillación, en el dolor, en la muerte, en la cruz, en la que Cristo realiza el gesto de amor más grande; este misterio que nos resulta difícil de aceptar. Y esta presencia de la cruz en la obra redentora de Jesús, y en nuestra propia vida, sólo encuentra explicación desde la fe. Y ser discípulo suyo es imitarlo, es cargar nuestra cruz, esa que es la fuente de la vida que dura para siempre.

1ª. LECTURA:  (Is 50, 5-9a)         (Ver texto)

 

Isaías, siete siglos antes de Jesús, nos anticipa lo que será su actuación: por su pasión y la muerte en la cruz, alcanza la vida para siempre.

 

SALMO RESP.:     (144, 1-6. 8-9)    (Ver texto)

                    R.   Caminaré en presencia del Señor.

              

2ª. LECTURA:    (St 2, 14-18)    (Ver texto)

 

Santiago nos da una regla de oro para que podamos evaluar nuestra fe: ella será auténtica si la ponemos de manifiesto en nuestras propias vidas, con nuestras obras.

EVANGELIO:   (Mc 8, 27-35)     (Ver texto)

 

Jesús, en el Evangelio, nos manifiesta que la verdadera vida es la que pasa necesariamente por la cruz; y también nos dice que si queremos realmente seguirlo, debemos cargar con nuestra propia cruz.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

 

CELEBRANTE:

 

Y ahora queridos hermanos, conociendo el amor y la bondad de Dios, nuestro Padre, dirijámonos a Él con total confianza y sencillez, presentándole nuestra oración por nuestras necesidades.

 

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

"PADRE, QUE CARGANDO NUESTRA CRUZ, SIGAMOS A TU HIJO"

v Porque queremos que en el ejemplo de la Iglesia y del Santo Padre los hombres reconozcamos que el camino de la gloria en el cielo, pasa necesariamente por el camino de la cruz, pedimos...

 

v Para que podamos construir una Iglesia diocesana verdaderamente solidaria y comprometida con las necesidades de tantos hermanos que viven en la miseria y el dolor, pedimos...

 

v Para que en nuestra patria, el Evangelio de tu Hijo sea el fundamento de todas las normas, de todas las leyes y de toda la sociedad, pedimos...

 

v Para que cada familia, cada hermano sufriente, encuentre en nuestro amor y en nuestra generosidad, una razón para seguir esperando, pedimos...

 

v Para que todos los católicos sepamos renunciar diariamente a nosotros mismos, tomemos nuestra cruz y sigamos a Jesús por el camino hacia la verdadera vida, pedimos...

 

CELEBRANTE:

 

Padre bueno, tú sabes que realmente queremos seguir a tu Hijo cargando nuestra cruz de cada día, pero nuestras fuerzas y nuestra fe a menudo faltan, por eso te suplicamos que nos des tu Santo Espíritu, para que nos fortalezca y haga realidad nuestro deseo. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

Al presentar ahora estos dones, le expresamos a Dios, desde lo más profundo de nuestro corazón, nuestro sincero compromiso a vivir con actitudes nuevas, comprometiéndonos realmente con las necesidades de nuestros hermanos.

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de "El Señor esté con vosotros")

Jesús nos llama, nos invita a acompañarlo en nuestro esfuerzo cotidiano, cargando nuestra cruz; esa cruz que como la suya, será para nosotros fuente de resurrección y vida. esta es la esperanza que mueve nuestra plegaria de acción de gracias.

COMUNIÓN:

Hemos participado de la mesa de la Palabra, y ahora el Señor nos invita a la mes que anticipa el Banquete del Reino: su propio Cuerpo y Sangre. Entrando en comunión con Él, entraremos en comunión con toda su vida, su lucha, su amor, su esperanza.

DESPEDIDA:

Terminamos nuestra celebración con un firme convencimiento: que la fe que manifestamos tener, debe traslucirse necesariamente en nuestro nuevo modo de vivir, ya que no basta creer en Jesús, debemos imitarlo aceptando la cruz, de lo contrario, nuestra fe no es auténtica.

sábado, septiembre 09, 2006

Reflexión 10 de Saptiembre - Domingo XXII durante el año

EVANGELIO
 
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
 
a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
7, 31-37
 
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua; Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
 
Palabra del Señor.
 
 
 
Reflexión
 
 
 
EL REINO SE HA HECHO PRESENTE
1.- Las tres lecturas de la Eucaristía están perfectamente de acuerdo: El Reino de Dios se ha hecho presente entre nosotros gracias a Jesús de Nazaret. Todos los milagros son señales y, por eso, no tienen sentido en sí mismos, sino aquello a lo que señalan: La presencia del Reino de Dios, que es Dios quien reina y no el mal, no el pecado, no sus manifestaciones más palpables: la enfermedad, la muerte, la injusticia.
La primera lectura, que procede del profeta Isaías, hace referencia a la curación de los enfermos, llevada a cabo por Jesús, como señal de que Dios mismo está aquí, de que El ha venido en persona, de que El hace justicia y de que es El quien nos salva. La curación de un sordomudo es el símbolo del pueblo de Israel: Sordo para escuchar la de Dios y por tanto, incapaz de dar una respuesta a la misma.
Cuando el pueblo de Dios exclama que Jesús “hace oír a los sordos y hablar a los mudos”, está citando al profeta Isaías: “Se despegaran los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán”. Todos esos “milagros” son señales de que el Reino de Dios ha llegado al mundo y empezado en Jesús de Nazaret. El pueblo nos dice Marcos, reconoce el reinado de Dios en esas señales que Jesús hace.
2.- Recordemos las frases de Pedro y Juan, en los Hechos de los Apóstoles, cuando acaban de curar a un paralítico: No somos nosotros quienes hemos hecho andar a este hombre con nuestro poder o fuerza, es Jesús quien tiene el poder, es en El quien debemos poner la fe; sólo en El está la salvación. Isaías nos recuerda que en la proclamación de esta verdad debemos dejar de lado nuestra cobardía y temor.
La segunda lectura tomada de la carta del apóstol Santiago, subraya algo que debiera estar escrito sobre las paredes de todos los lugares en donde celebramos nuestras eucaristías: “No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo con la acepción de personas”. La comunidad cristiana debe ser el signo claramente visible de que es Dios quien reina y no el dinero o el poder.
La sociedad de consumo nos ha acostumbrado a valorar a las personas no por lo que son, sino por lo que tienen. Decente no es ahora el que actúa con criterios decentes, sino el que vive en un barrio “decente”, tiene una casa y automóvil “decente” y se viste con ropa “decente”. La decencia ya no es una cuestión de actitudes, sino de barrio, de coche o de ropa.
Hoy el dinero divide la sociedad y se convierte en criterio decisivo. Jamás debiera ser así en nuestras comunidades cristianas. Más que nunca, como lo manda el Evangelio, debemos optar entre Dios y el dinero. La comunidad cristiana tiene que ser signo del Reino de Dios, de que es Dios el que reina y no el dinero. La comunidad cristiana debe ser signo evidente de que el criterio decisivo es el amor y no el dinero. De que a un hombre o mujer se le valora porque es hijo de Dios y no porque es varón o mujer.
3. Jesús es “el esperado”, nos dice el Evangelio, en El y con El llega a nosotros el Reino de Dios puesto que El hace oír a los sordos y hablar a los mudos. ¿Ponemos nuestra fe, nosotros, en Jesús o en los milagros? Porque aquí está la segunda idea esencial: Jesús manda, una vez curado el sordomudo, que no lo dijeran a nadie.
Cuando en una ciudad esperaban a Jesús para que hiciera milagros, Jesús, nos dice el Evangelio, daba un rodeo y no entraba en ella. No lo esperaban a El, sino a los milagros, El no tenía nada que hacer allí. ¿Entraría Jesús en nuestras ciudades?
La comunidad cristiana primera, veía en el milagro que nos relata el Evangelio, un signo del bautismo y la confirmación: Jesús impone las manos, separa del cuerpo el recipiente del don, usa la saliva, manda a callar lo ocurrido y desata la lengua para proclamar la gloria de Dios. Fijémonos: Todo lo hace el contacto personal con Cristo, con la persona de Cristo.
Digamos la frase del pueblo: “Todo lo ha hecho bien”. ¿De qué líder de nuestra comunidad cristiana podemos nosotros decir una cosa así? ¿Alguien entre nosotros merece una alabanza así por haber hecho hablar a la comunidad con toda libertad y porque haya hecho reinar a Dios, o sea al amor, como criterio decisivo, absoluto, indiscutible?
Cristo está resucitado, por medio de Él no sólo obró Dios en el pasado, sino que Dios sigue haciéndolo todo bien; acerquémonos a Él con confianza, con fe; en Él Dios sigue obrando en medio de su pueblo, en Él Dios sigue salvando a su pueblo.
 
Antonio Díaz Tortajada
www.betania.es
 
NUNCA HA HABIDO MÁS SORDOS Y MÁS MUDOS
1. - Miles de satélites por los aires. Nuevos cables submarinos por todos los mares. Autopistas que unen naciones. Facilidades de paso por las fronteras. Todo nos lleva a una mayor comunicación y sin embargo nunca ha habido más sordos ni más mudos.
Tantas ondas, tanto ruido ha estropeado nuestro tímpano y cada vez somos menos capaces de oírnos y de oír a los demás. Y el que habla abre y cierra la boca como en el cine mudo, no nos parece que pronuncia palabras inteligibles, porque nadie le presta atención.
Nunca ha habido tanta soledad. Soledad de los ancianos que, o viven solos, o en medio de las familias no encuentran a quien contar sus batallitas. Los esposos no se entienden con los hijos y no pocas veces entre ellos. Los jóvenes nos acusan de que los mayores no les entendemos.
Sea por nuestro propio egoísmo, sea por las desilusiones que nos hemos llevado con lo demás, sea porque nos sentimos llenos de problemas y no nos basta con los propios para ocuparnos de los demás, el caso es que en la era de las comunicaciones estamos incomunicados unos con otros. El contacto de Tú a Tú va pasando a ser pieza de museo, o motivo de novela romántica.
2. - Nunca ha tenido más actualidad el grito de Jesús al sordomudo del evangelio: “¡ÁBRETE!”
* Ábrete al hombre, abre tu corazón y sal al encuentro de los hombres que te necesitan y tú necesitas.
* Ábrete al hombre que te ofrece su amistad* Ábrete al que necesita tu cariño* Ábrete al que tiende su mano hacia ti en espera de ayuda* Ábrete y escucha al que te cuenta esos problemas que nadie más puede contar* Ábrete al que necesita tus palabras de consuelo, sal de tu mudez y deja oír tus palabras* Ábrete sobre todo a ese Señor que habla quedito en lo hondo del corazón, apártate de la muchedumbre de vez en cuando, como Jesús apartó al sordomudo para hacerle oír su voz.
3. - En realidad nunca estamos incomunicados con el Señor si sabemos acallar tanto ruido y tantas voces a nuestro alrededor y prestamos atención a la voz tenue de nuestro Dios que no nos habla ni por radio, ni por televisión, sino en lo hondo del corazón. Comencemos por dejar resonar en el corazón ese “¡ÁBRETE!” de Jesús.
 
José María Maruri, SJ
www.betania.es
 
¿HAY REMEDIO PARA LOS CATÓLICOS SORDOS Y MUDOS?
1.- En el Antiguo Testamento, la enfermedad, era exponente del castigo de Dios. Hoy, si Jesús regresara camino de los “nuevos Galileas” (los lagos donde vivimos o mal vivimos, trabajamos o descansamos, cantamos o lloramos) se encontraría con un nuevo fenómeno: la sordera espiritual.
El Papa Benedicto, desde el mismo día del inicio de su pontificado, nos alertaba del “intento de silenciar a Dios en el mundo”. Es una de las afecciones más graves que existen en nuestra vida cristiana y contemporánea. Porque, aquí, en medio de nosotros, hay personas que oyeron hablar un día de Dios; de un tal Jesús de Nazaret; de la fuerza del Espíritu o de Santa María.
Todo ello, además, gracias a la mejor Madre y Maestra Espiritual que es la Iglesia. Pero ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué los oídos tan despiertos para las sensaciones de mundo y tan opacos para las cosas de Dios?
Porque, lo malo, no es que existan instituciones, políticas y políticos, católicos y cristianos “duros de oído” para la voz de Dios. Lo malo es que esa sordera no es de nacimiento. El secularismo, el pragmatismo, la simple apariencia, la hostilidad hacia todo lo que “huela a iglesia” o “suene a Dios” ha logrado dinamitar la sensibilidad hacia la experiencia de Dios.
Por eso, el Señor, un Domingo más, nos dice: ¡Effetá! ¡Ábrete”.
2.- Hay dos tipos de sorderas en el mundo que nos rodea y que vivimos:
Una, la que por sistema y son contemplaciones, rechaza todo lo que tenga referencia a la cuestión religiosa y, otra más, la que escuchando la Palabra y afirmando que oye, a continuación, vive como si nunca hubiera entendido nada.
Por otra parte, si el Señor, se presentase de repente en muchas de nuestras parroquias y comunidades cristianas se encontraría, además, con una enfermedad que debilita o que condiciona la transmisión del Evangelio: los católicos mudos.
Los creyentes, y en el contexto que nos toca vivir, o somos intrépidos a la hora de manifestar nuestras convicciones religiosas o, por el contrario, nuestra fe quedará relegada a un plano peligrosamente intimista. Y, no lo olvidemos, el Señor nos dijo: ¡ID POR EL MUNDO! Desde luego, no nos dijo: ¡ID Y SED MUDOS!
El movimiento se demuestra andando. Y, la pertenencia –entusiasta y real- a la iglesia católica, se ha de evidenciar en una disposición para anunciar el evangelio; para ser portadores y generadores de nuevos cristianos; para no permanecer mudos ante una realidad que intenta poner auriculares al hombre para que sólo escuche el dictado de los poderosos, de los gobernantes o de las presiones mediáticas.
3.- La fe, con movimiento ascendente (hacia Dios) y descendente (hacia el hombre) también se demuestra andando. Que el Señor, que sigue obrando grandes maravillas y extraordinarios milagros en medio de su iglesia, en medio del mundo, nos haga ser conscientes de que la sordera espiritual se cura con la escucha pausada y reflexionada de la Palabra de Dios. Y que, por otra parte, nos haga comprender, que el permanecer mudos, no hace si no el ceder terreno para que otros, no precisamente en nombre de Dios, ganen terreno y sean altavoz de otros intereses muy distintos a los que proclama Jesucristo. ¿Sordos o mudos? De vez en cuando….de todo un poco.
 
Javier Leoz
www.betania.es
 


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jueves, septiembre 07, 2006

Guion de Misa Domingo 23 durante el año

Celebrando la Vida

en el

Nuevo Milenio

Guiones para la celebración de la Cena del Señor

Ciclo "B"

Miguel Ángel Osimani

EDICIONES BETANIA

 

 

 

DOMINGO 23º

DURANTE EL AÑO

 

 

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

 

Celebramos hoy el domingo vigésimo tercero durante el año, y recordamos a menudo en nuestra Eucaristía dominical, el anuncia de salvación que hicieron los profetas del pueblo de Israel; salvación para todos los hombres y en especial para los más necesitados. Un anuncio que hizo realidad Jesús, el único capaz de curar nuestra lepra y arrancarnos de la muerte.

 

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

 

La presencia de Jesús nos trae la salvación, la vida nueva a la que todos estamos llamados a participar. Y su palabra realiza verdaderamente todo lo que anuncia. Y hoy él continúa salvando y curando a los hombres mediante los sacramentos, que hacen realidad lo que anuncian con el signo y la palabra. Hoy él nos llama a vivir como resucitados, repitiendo sus gestos y realizándolos con cada uno de nuestros hermanos.

1ª. LECTURA:  (Is 35, 4-7a)         (Ver texto)

 

Ya en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel recibía el anuncio de salvación que llegaría al mundo con la presencia del Mesías.

 

SALMO RESP.:     (145, 7-10)    (Ver texto)

                    R.   ¡Alaba al Señor, alma mía!

              

2ª. LECTURA:    (St 2, 1-7)    (Ver texto)

 

Santiago es sumamente concreto e incisivo: respondiendo a situaciones actuales de su comunidad, nos habla de la igualdad de los cristianos, nos expresa que, si hay que preferir a alguien, debe ser al más pobre.

EVANGELIO:   (Mc 7, 31-37)     (Ver texto)

 

Jesús, en un gesto milagroso, que confirma la iniciación de la era mesiánica anunciada por los profetas, cura a un sordomudo.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

 

CELEBRANTE:

 

Queridos hermanos y hermanas, sabemos que nuestro Padre del Cielo está siempre atento a nuestras necesidades, por eso ahora, con toda humildad y confianza, presentémosle nuestras peticiones.

 

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

"POR CRISTO, NUESTRA ESPERANZA, ESCÚCHANOS SEÑOR"

v Dios de bondad, te pedimos por la Santa Iglesia, para que en su palabra y en sus gestos reconozcamos el mensaje de salvación que nos da tu Hijo, oremos...

 

v Dios de misericordia, te pedimos por nuestro Obispo y todo su presbiterio, para que tu Espíritu los plenifique con sus dones y guíe a nuestra Iglesia diocesana para que se abra a la verdad, al amor compartido y a la esperanza, oremos...

 

v Padre de todos los hombres, te pedimos por los responsables del gobierno en todos los países, para que trabajen activamente por el bien común y lleven al mundo a una auténtica y definitiva paz, oremos...

 

v Señor de todo consuelo, te pedimos por los migrantes, para que la Virgen Madre conforte y ayude a todos los que viven lejos de su tierra, e inspire en todos, sentimientos de comprensión y acogida, oremos...

 

v Padre nuestro, te pedimos por todos los cristianos, para que fieles al mensaje de salvación de tu Hijo, lo vivamos con alegría y seamos en el mundo testigos de su palabra, oremos...

 

CELEBRANTE:

 

Dios y Señor nuestro, que eres la fuente de la paz y el amor sincero, te pedimos que nos concedas, junto con estas peticiones que te hemos presentado, el poder trabajar activamente para que nuestras vidas y las de nuestros hermanos, se conformen a las enseñanzas de tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

Pongamos sobre la mesa del altar, junto a las ofrendas, nuestras vidas, en un sincero compromiso de trabajar en ellas y en las de nuestros hermanos para hacer realidad el mensaje de salvación.

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de "El Señor esté con vosotros")

Nuestro Padre nos llama a compartir su vida en las nuestras, por eso ahora, uniendo nuestros corazones y nuestras voces, démosle gracias con nuestro hermano y guía: Jesucristo, el Señor.

COMUNIÓN:

El Señor nos llama ahora a entrar en una íntima comunión con Él, que sólo será posible si también entramos en una íntima comunión con cada uno de nuestros hermanos, sobre todo, con los que más nos necesitan.

DESPEDIDA:

En el Evangelio hemos escuchado la curación de un sordo, ahora, al terminar nuestra Eucaristía dominical, hagámoslo con el compromiso de dejar que el Señor también cure nuestra sordera: a su Palabra y a las necesidades de nuestros hermanos.

 

domingo, septiembre 03, 2006

intenciones del Santo Padre para Septiembre

G: Por un uso mas ético y responsable de os medios de comunicación social por parte de sus proveedores y usuarios.

M: Para que en los territorios de misión se renueven los esfuerzos por una sólida y renovada formación permanente de todos en la fe.

sábado, septiembre 02, 2006

reflexion del evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23 del domingo nº 22 durante el año

EVANGELIO
 
Dejan de lado el mandamiento de Dios,
por seguir la tradición de los hombres
 
a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
7, 1-8. 14-15. 21-23
 
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?»
Él les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:
"Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto:
las doctrinas que enseñan
no son sino preceptos humanos".
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».
Y Jesús, llamando a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».
 
Palabra del Señor.
 
 
 
Reflexión
 
 
 
RADIOGRAFÍA DEL CORAZÓN
1.- “Entonces los fariseos y letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras? Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas”: San Marcos, Cáp. 7. El Talmud es un libro del siglo III de nuestra era, que recoge comentarios de los rabinos sobre la ley y las costumbres del judaísmo. Allí encontramos minuciosas normas, en relación con las purificaciones rituales. Costumbres nacidas en un contexto higiénico, que luego se volvieron obligaciones religiosas, con las cuales se pretendía mantener la benevolencia de Yahvé. Pero lo grave era que tales observancias habían desplazado, en el corazón de muchos judíos, lo esencial de la verdadera religión. Y un día Jesús señaló ante sus oyentes tal equivocación: “Vosotros dejáis de un lado los mandamientos de Dios, para apegaros a tradiciones de los hombres”.
2.- El Señor había subido a Galilea y desde Jerusalén llegó un grupo de escribas y fariseos, que pretendían espiarlo. Descubren enseguida un hecho que les parece escandaloso, y le preguntan al Maestro: “¿Por qué comen tus discípulos con las manos impuras?” San Marcos, quien escribe para los cristianos de Roma, la mayoría de ellos venidos del paganismo, se detiene a explicar cómo eran las costumbres judías al respecto: “Ellos no se sientan a la mesa sin antes lavarse las manos, restregándose bien. Y al volver de la plaza purifican los vasos, las jarras y las ollas”.
Ante al reproche de los fariseos, el Señor esgrime como un espada un acerado texto de Isaías: “Hipócritas: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Así entendemos que todos los ritos religiosos, si no expresan actitudes interiores, nada valen. En la vida social un regalo, un beso, un ramo de rosas sin amor, pueden ser una afrenta.
Pasa luego el Señor a explicar qué significa limpieza para el verdadero creyente. Dios ha contagiado su bondad a todas las cosas. Luego nada exterior podrá mancharnos. Sólo un uso indebido puede contaminar la creación. Y termina el Maestro presentando una radiografía de nuestro interior, que firmarían los más calificados sicólogos: “Del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”. Parece que en el sótano de nuestra personalidad, guardáramos un zoológico que necesita ser domesticado. Sobre este párrafo podríamos examinarnos diariamente.
3.- No sabemos si el evangelista pretendió un orden lógico, al enumerar aquellos feroces inquilinos del alma, pero termina señalando la frivolidad, que otros traducen por insensatez. Mal endémico de nuestro tiempo. Tal vez la ausencia de valores facilita a la cultura light arrebatar a muchos en su insaciable torbellino. Lo comprueban la publicidad, los medios de comunicación, el arte, la moda, el ámbito social, y aún la vida de familia. “Mucho ruido y pocas nueces”. Demasiada farándula para enmarcar la vida que es única y si la perdemos, no existe otra de repuesto.
Mientras tanto, el tiempo que todo lo corroe, va destruyendo el tablado, la comedia y a sus protagonistas. De veras: Hemos dejado a un lado los mandamientos de Dios, para apegarnos a tradiciones de los hombres.
 
Gustavo Vélez
www.betania.es
 
El Padre Gustavo Vélez, de Medellín, Colombia, se incorpora desde hoy a la sección de homilías de la página de Betania
 
EL MAL OLOR DE LOS FARISEOS
1. - El pan nuestro de cada día, la multiplicación de los panes, “yo soy el pan de vida, el pan bajado del cielo”... Desde hace cinco domingos el ambiente evangélico tiene olor sano, limpio y honrado del pan. Huele a tahona, a panadería.
Solo cuando aparecen en escena los fariseos entra una bocanada asfixiante de tubo de escape. O como Jesús va a decir al final del párrafo del evangelio que acabamos de leer –y que la liturgia respetuosamente ha omitido— de olor a cloaca.
Los fariseos saben no sólo que los discípulos comen sin lavarse las manos, sino que cinco mil hombres comieron sin lavarse las manos y les preocupa más la ligera falta legal contra una minuciosa orden eclesiástica que el hambre de cinco mil hombres.
2. - En todos los tiempos ha habido fariseos que con manos limpias han condenado al hambre a una viuda con hijos.
* Fariseos o Pilatos que con manos limpias han firmado una sentencia injusta.
* Fariseos que levantan sus manos limpias a Dios para darle gracias por cumplir todos los ayunos, abstinencias y preceptos dominicales por no ser el pobre que pide a la puerta de la iglesia.
* Caras largas de reproche que andan buscando el defecto del hermano. O, incluso, en la Iglesia, en qué se pasa o en qué no llega el sacerdote.
3. - Dios es aire puro que nos deja respirar a pleno pulmón. Es oxígeno. Es olor a pino de montaña. Olor a jara... No enrarezcamos el ambiente con un corazón mezquino capaz de hacer encogerse el mismo corazón de Dios.
En realidad esos fariseos de todos los tiempos, buscando el cumplimiento de la tradición humana, poniendo en ello la perfección, lo que buscan es defenderse de Dios, que está sobre toda ley y que por ser amor no puede encerrarse en una ley, que por ser amor exige mucho más que toda ley, porque lo que exige ahora y siempre es el corazón y el corazón no tiene límites. El que ama nunca puede decir que con esto ha cumplido.
4. - Dios no mira las cosas, mira el corazón donde se cocina lo bueno y lo malo del hombre. Es notable que Jesús mientras menciona doce malos productos que salen del corazón, no menciona ni uno solo bueno. Y es que lo malo es repetitivo, rutinario, no es creativo, sólo aumenta en número. Pero estas manzanas de hoy son la misma manzana de los primeros tiempos.
Para el que ama no hay límites en el campo de la bondad, siempre hay cosas nuevas que hacer, siempre nuevos detalles, porque el amor y la bondad vienen de Dios y Dios es infinito en su variedad.
Hoy se habla mucho de higiene, pero hemos descuidado la higiene del corazón. No son las manos las que hay que limpiar, es nuestro corazón el que tenemos que pensar y Dios dirá de nosotros lo que Jesús dejo dicho: “Benditos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
 
José María Maruri SJ
www.betania.es
 
LA INTENCIÓN DEL CORAZÓN ES LO ESENCIAL
1. Para muchos que han sido bautizados en los primeros día de su vida y que luego no han realizado una opción personal por el evangelio de Jesús, el cristianismo se le antoja, antes que nada, como un conjunto de prohibiciones que limitan la libertad. Ser cristianos es someterse a todo un plural ordenamiento de leyes morales, practicas religiosas, pequeñas ascesis y grandes virtudes. Es referir la existencia a los mandamientos de Dios y disciplinar los días y las horas según las pautas de los mandamientos de la Iglesia. Así las cosas, el cristianismo se les aparece como limitador de sus movimientos, censurador de sus opciones, patrocinador de unos valores que contraen la autonomía del hombre. En definitiva la moral cristiana, sin Cristo, se convierte en una moral de esclavos.
Muy otro es el criterio que nos aporta el libro del Deuteronomio. El libro llamado Deuteronomio, nos dice que hay una ley que debemos guardar y que, la maravilla de esa ley, es lo que nos convierte en un pueblo importante, en una comunidad que vale la pena. Nuestro Dios, dice la lectura, es un Dios cercano, no porque se encuentre a unos metros o kilómetros de nosotros, sino porque nuestro Dios es semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Es un Dios que nos revela que, si quitamos de nosotros el pecado, somos semejantes en todo a Dios.
2. El Dios que se nos revela en Jesucristo es un Dios que come, que trabaja, que llora, que se baña, que muere, y que resucita. Si nos resulta extraño, ¿no será más bien que hemos fabricado un Dios a nuestro gusto?, ¿un Dios para nuestro consumo? Un Dios que tenga poco de humano, que esté fuera de nuestra realidad dolorosa y frágil no tiene nada que ver con el Dios crucificado y crucificable que se nos ha revelado en Jesucristo como el único Dios verdadero. Ese Dios, el Dios verdadero, es el que nos ha revelado la ley única de amarnos. A la luz de eso sabemos, que leyes que no dan vida al pueblo pueden ser muy legales, pero no son las que Dios quiere para su comunidad de salvación. Una ley puede ser muy legal y ser muy injusta al mismo tiempo. Las leyes han sido dadas para la vida, no la vida para las leyes, porque todas la leyes son para el hombre, inclusive las leyes de Dios, y no el hombre para las leyes.
3. El apóstol Santiago, por otra parte, nos remacha la importancia de que las leyes no son para saberlas, sino para vivirlas. Cristiano no es el que se sabe los mandamientos o el catecismo cristiano, cristiano es el que vive el amor. Conocer a Dios no es invocarlo piadosamente o sentimentalmente todo el día, sino vivir el amor eficazmente, vivir el amor en compromisos concretos que se vean en la forma en que tratamos a los desamparados y que se vean en cómo nos mantenemos viviendo entre los corruptos sin mancharnos nosotros con toda esa corrupción que nos rodea.
Jesús se pone en la línea de todos los profetas diciendo que los verdaderos adoradores adoran a Dios en Espíritu y verdad, que no es lo externo lo que salva o hunde al hombre, que es la intención del corazón lo esencial. Es la actitud profunda lo que da sentido al acto externo. Nada, ningún mandato humano, venga de quien venga, puede ahorrarnos el que el mandamiento de amar, que nos ha dado Dios, tenga la prioridad, sea lo esencial.
Y acaba Jesús diciendo algo de enorme vigencia en nuestros tiempos, tan dados a la disimulada predicación a favor de Satanás. No hay Satanás que valga, no hay Satanás que nos sirva de excusa para no asumir nuestra responsabilidad por la presencia del mal en nuestra vida.
4. Es Palabra de Dios que del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, la envidia, la difamación, el orgullo, la frivolidad. Todo eso que llena diariamente las innumerables páginas de nuestros periódicos y todo eso que salta a nuestros ojos cada día, desde las pantallas de nuestros televisores, no es efecto de ningún Satanás por el que podamos, como Adán, decir a Dios: El ángel que tú hiciste, él fue. No, todo eso es efecto de nuestro corrupto corazón. Está en nuestras manos el emplear el dinero en descubrir y crear las medicinas que hagan desaparecer, una por una, todas la enfermedades terribles que nos destruyen, pero preferimos usar el presupuesto de nuestros países para crear armas o ejércitos, o sea para matar, en vez de usarlo para curar.
¿Podemos decir que conocemos a Dios sólo porque le mencionamos? ¿Podemos decir que Dios está en nuestro corazón sólo porque lo mencionamos en nuestros discursos? ¿Podemos decir que somos un pueblo que guarda los mandamientos sólo porque nos los sabemos de memoria? ¿Hacemos algo para cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, en un corazón que ama?
       
Antonio Díaz Tortajada
www.betania.es
 


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