sábado, junio 10, 2006

Domingo 11 de Junio Santisima trinidad

SOLEMNIDAD DE LASANTÍSIMA TRINIDAD

PRIMERA LECTURA
El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro
Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo: - «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor5 vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 1 2b)
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
SEGUNDA LECTURA
Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre)
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17
Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.
Palabra de Dios.
Aleluya Ap 1, 8Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.EVANGELIOBautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.Acercándose a ellos, Jesús les dijo:- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»
Palabra de Dios.

Reflexión


TRINIDAD DE DIOS, ¿UN IMPRESIONANTE GALIMATÍAS?
1.- ¿Será mucho decir que, para los más de los cristianos, la afirmación de la Trinidad de Dios es un impresionante galimatías? ¿Será excesivo el temor de ver que para la inmensa mayoría de creyentes esta afirmación trinitaria resulta inútil, sin incidencia alguna en la praxis cristiana, sin la menor garra para la hora del compromiso temporal y aun ––si se apura un poco–– para la llamada vida espiritual” de los bautizados?
El dogma de la Trinidad de Dios, por desgracia, no pasa de ser una verdad aprendida en la infancia, reiterada en los actos de culto de manera rutinaria. Y, sin embargo, resulta de todo punto imposible una correcta comprensión del cristianismo sin una referencia muy radical a este dato de la revelación de Dios. La Trinidad de Dios es un componente básico de la biografía humana. El misterio de la Santísima Trinidad resume la fe cristiana en su núcleo central. Todos sabemos que la revelación bíblica es la historia del amor que existe entre Dios y el hombre, todo hombre.
El Antiguo Testamento nos enseña sobre todo la grandeza del único Dios y Creador del Universo, de la nada crea algo distinto a sí mismo, de una diversidad y complejidad asombrosas, y pone en su centro al hombre, para que domine este mundo como su representante.
En el Antiguo Testamento también, Dios nos revela que como Padre siempre perdona a sus hijos e hijas, y no nos olvida a pesar de nuestras frecuentes infidelidades. Esta fe compartimos los cristianos con los judíos, y los musulmanes. Creemos que hay un solo Dios, y que todos los pueblos le pertenecen.
San Agustín decía "No es difícil comprender que Dios existe", siguiendo el argumento de San Pablo, "Dios mismo lo dio a conocer ya que sus atributos invisibles, su poder divino y su divinidad se hacen visibles a los ojos y la inteligencia desde la creación del mundo por medio sus obras"
En cambio el Nuevo Testamento a la vez que va afirmando la existencia de Dios Padre descubre a Dios en su vida interior, como Él ha sido siempre, desde todo la eternidad. Nos revela que el Padre nunca ha estado solo, sino que "Dios es familia". Y lo sabemos justamente por el Hijo que fue anunciado por los antiguos profetas y que nos envió al Espíritu Santo, quien vivifica todo. Es Jesucristo quien nos reveló la perfecta unidad de vida entre las divinas personas. No fue invención de generación de cristianos posteriores.
2. -El motivo de la exteriorización de la Santísima Trinidad no es otra que su vida interna misma. Dios es amor, entrega mutua y total entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Cada persona en Dios se identifica justamente, por no reservarse nada y brindarse absolutamente al otro de tal modo que son uno solo en la diversidad.
Esta dinámica lo llevó a Dios a salir de sí mismo, no solo a crear el mundo sino para encarnarse en él. Es el Dios que va al encuentro del hombre. Recién a partir del misterio de Dios UNO Y TRINO que Jesucristo nos ha dado a conocer, comprendemos en profundidad lo que significa la afirmación de la Biblia sobre el hombre cuando dice en las primeras páginas, "Dios creó al hombre a su imagen, lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer, y los bendijo diciendo sean fecundos y multiplíquense".
El hombre lleva en su naturaleza la impronta del Dios trinitario es decir, la persona humana, igual que Dios mismo es por su origen y también su finalidad un ser Social, creado por amor y para el amor.
Solamente la entrega a los demás da la plenitud y la felicidad al hombre. Esa entrega mis hermanos comienza por la familia, nuestras familias están llamadas a ser fieles espejos de la Santísima Trinidad. Por eso la familia debe crecer cada día más en el conocimiento del DIOS AMOR.
El amor que es amistad, amor conyugal, amor paternal, amor maternal, amor filial, caridad. Esta vivencia de lo que llamamos amor de familia, lo comprendemos en sus mutuas relaciones mejor desde el misterio de la Santísima Trinidad. Y esto trae consecuencias para la valoración de las personas en sus diferentes roles que hay que entender como complementarios y no opuestos.
Estamos acostumbrados a pensar que como lo segundo viene después de lo primero es inferior, y no digamos ya que lo tercero, pensamos que el que manda es superior al que obedece, o que el primogénito tiene mayores derechos que el hermano menor.
A la luz de la Trinidad nos damos cuenta del inmenso error que contiene esta mentalidad prácticamente universal. Aplicado al matrimonio, varón y mujer, creados a imagen de Dios, en realidad desde la Fe es insostenible considerar a la mujer de segunda. Como no podemos pensar que el Hijo eterno de Dios, la segunda persona en Dios, sea inferior al Padre. Los dos son diferentes pero esencialmente iguales en su naturaleza divina. Unidad en la perfecta diversidad, pluralidad en la perfecta unidad.
Esto lo entendemos hoy, en el mundo de la tradición cristiana mejor que en tiempo de nuestros antepasados. La igualdad radical de todo ser humano, varón y mujer, es un reclamo generalizado. Entre paréntesis mis hermanos nos damos cuenta: que importante es este mensaje de la Santísima Trinidad para la civilización, por que hay otras culturas que no conocen a este Dios Trinitario, y no nos asombra, entonces que la mujer no tenga el mismo rol que debería ejercer en la tradición cristiana.
3. En un momento de fuerte desintegración, la fe en este misterio es un potencial que fortalece sana y renueva los vínculos entre las personas. Jesús invitándonos a participar en la vida de la Trinidad hace posible que alcancemos nuestra mayor dignidad y una autentica relación con los demás en la Justicia y el Amor. La Iglesia que es signo e instrumento de la íntima unión con Dios, y de la unidad de todo el género humano se reconoce como servidora de la dignidad humana, y de comunión fraterna en la hora actual.

Antonio Díaz Tortajada
www.betania.es

EL MISTERIO DE DIOS
1.- Estamos rodeados de misterios. Y el misterio nos desazona y al tiempo nos atrae. ¿Y nos atrae el misterio precisamente porque procedemos, como imagen y semejanza del gran misterio de Dios, y regresamos a ese gran misterio? Pues sí. Y nos atraen todos esos otros misterios grandes o pequeños, que voy a tratar de enumerar:
--Los abismos del mar, sus grutas, sus corrientes, han espoleado al hombre hasta hacerle posible sumergirse y descubrir una mínima parte de sus misterios.
--Cualquier cavidad que nos abre la posibilidad de conocer las entrañas de la tierra nos hace soñar y hasta exponer la vida para descolgarse a la profundidad.
--La atmósfera, los astros de nuestro sistema, las galaxias han avivado el ingenio que ha dado alas al hombre haciéndole llegar a Luna y ponerse en contacto con otros astros, pero quedándose –como quien dice—en el país vecino, dejando en la oscuridad la inmensidad del misterio.
--El hombre investiga los elementos constitutivos de la materia y ha llegado a conocer los efectos de su disgregación, sin llegar a conocer la misma esencia de esa materia.
--Nos zambullimos dentro de nosotros mismos y dentro de nuestra psicología, de nuestro subconsciente, nos tropezamos con mil misterios
Y si en este caminar por la orilla de lo pequeño, limitado y material nos vamos dejando jirones de misterio a nuestro paso, ¿qué misterios no nos dejaremos en la otra orilla de lo infinito, de lo temporal, de lo impalpable, de lo divino?
No era necesario que Dios fuera un solo Dios y Tres Personas para ser un misterio. ¿Qué sabemos nosotros de Dios? “Dios no le ha visto nunca nadie, nos dice San Juan.
2.- Pero lo importante no es lo que nosotros sabemos o sentimos de Dios, sino lo que Él es en si mismo y lo que siente por nosotros.
--El misterio de Dios Trino nos dice que Dios no pudo ser un Ser solitario, sino que siendo AMOR tuvo que ser como un hogar. No fue un solterón satisfecho de Sí mismo, fríamente sentado en su trono.
--Que por ser amor se le escapó ese amor hacia y fuera y creó el universo para poner en él al hombre, hecho a su imagen y semejanza, necesariamente amor y formador de hogar, social por esencia, para quien el egocentrismo es la negación de su propio ser.
--Y ese Dios misterioso (y tanto más misterioso cuanto más se preocupa del hombre) por volver a encaminar al hombre al buen camino, envía a su propio Hijo, y permite que la maldad humana lo mate, como los viñadores al hijo del dueño de la Viña.
--Y ese Hijo de Dios, libremente, asume que “yo doy mi vida y la tomo de nuevo”. Hecho amigo nuestro da su vida por nosotros. Nadie tiene más amor que el que da la vida por el amigo
--Y ese mismo Dios Espíritu Santo, Espíritu de amor se derrama sobre nosotros para que esa imagen y semejanza nuestra a Dios sea perfecta uniéndonos unos a otros en un mismo amor de hijos de un mismo Padre Dios y por tanto hermanos entre sí.
Esto es lo que Dios siente por nosotros, independientemente de lo que nosotros pensamos o sintamos por Él.
3.- Los vislumbres del misterio de Dios en la noche de la Fe, y sus reflejos en la Eucaristía, lo plasma así San Juan de la Cruz:

Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida.
Su origen no lo sé, pues no lo tiene
mas sé que todo origen de ella vine
Aunque es de noche
La corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente.
La corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede.
Bien sé que tres en sola una agua viva
residen y una de otra deriva
Aunque es de noche
Aquesta eterna fonte es escondida
en este vivo pan por darnos vida
Aquesta viva fonte que deseo
en este pan de vida yo la veo
Aunque es de noche

José María Maruri, S. J.
www.betania.es

LA TRINIDAD: MISTERIO DE COMUNIÓN
1.- Cuando queremos referirnos a un tema sumamente complicado, o aparentemente inescrutable, decimos con frecuencia que se trata de un tema tan difícil de explicar como el misterio de la Santísima Trinidad. Y es porque, al hablar de la Santísima Trinidad, nos estamos refiriendo al misterio teológico del Dios Uno y Trino. San Agustín se pasó veinte años meditando y escribiendo, interrumpidamente, sobre este misterio. Así publicó, al fin, el amplio tratado --catorce libritos—sobre la Trinidad, un libro que, según él mismo nos dice, lo comenzó de joven y lo terminó siendo viejo. Durante esos veinte años, más de una vez interrumpió el trabajoso y fatigoso estudio, porque pensaba que debía ocuparse en otros trabajos que eran más útiles para un número mayor de personas y porque creía que rara es la persona que cuando habla de la Santísima Trinidad sepa de qué cosa habla.
2.- Yo, que intento ser buen agustino, pienso que hoy, en nuestro trabajo pastoral, no debemos fijarnos tanto, o nada, en el misterio estrictamente teológico y debemos hablar y predicar sobre la Trinidad insistiendo en el aspecto y la dimensión pastoral y vivencial de este misterio. Porque estoy convencido que nuestra vida espiritual o es una vida trinitaria, o no es vida espiritual. La Trinidad es antes que nada, comunicación y comunión. Una comunicación basada en el amor y una comunicación de amor. Dios es amor, nos dijo ya San Juan y repetirían después muchas veces San Agustín y otros muchos santos; el fruto del amor del Padre es el Hijo y el cordón umbilical que une al Padre con el Hijo --el Espíritu Santo-- es el Amor. El misterio de la Santísima Trinidad es, pues, un misterio de Amor y así debe ser el misterio de la vida de todo y cualquier cristiano. Cuando yo amo a Dios, me comunico con Dios, comulgo con Él.
Y, como cada vez que amo a Dios amo en Él al prójimo y cada vez que amo al prójimo amo a Dios en el prójimo, resulta que siempre que amo con amor cristiano estoy participando en un amor trinitario. En este sentido tiene plena validez y fuerza la conocida frase de San Agustín; ama y haz lo que quieras. Porque cuando amas a Dios y al prójimo con un amor trinitario es siempre Dios --el Dios Amor-- el vínculo de unión, y el fruto de ese amor sólo puede ser Dios mismo, el Dios Amor. Esto debemos realizarlo y vivirlo en nuestras relaciones de cada día: con nuestros padres y familiares, con nuestros amigos, con todas las personas con las que tratamos y convivimos, con las personas con las que nos comunicamos y con las que comulgamos. Los frutos de mi amor con el prójimo deben ser los mismos dones del Espíritu Santo, es decir, la paz, la bondad, la generosidad, el amor...
3.- En esta fiesta de la Santísima Trinidad, nuestro propósito debe ser un propósito sencillo y nada misterioso: el propósito de amar y de dejarnos amar con el amor de Dios. Un amor de comunión que me lleve a comulgar diariamente con los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (Gaudium et Spes). Así podremos celebrar dignamente la fiesta que hoy celebramos, sin perdernos ni marearnos en los oscuros senderos y laberintos del misterio teológico de la Santísima Trinidad.

Gabriel González del Estal
www.betania.es


GUIÓN Y LECTURAS
PARA LA MISA DEL
DOMINGO 11 DE JUNIO
DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
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DOCUMENTOS
DE LA LITURGIA
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